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Documental “76 Days” retrata la cuarentena en Wuhan

Documental “76 Days” retrata la cuarentena en Wuhan

“¡Papá!”, grita una trabajadora de hospital cubierta de pies a cabeza con un traje de protección contra materiales peligrosos en los primeros momentos del documental “76 Days”.

Eran los primeros días de la pandemia en Wuhan, entre enero y febrero, cuando la ciudad de 11 millones de habitantes comenzó un confinamiento de dos meses y medio y los hospitales estaban colapsados. El padre de la trabajadora de salud acababa de morir, y su agonía al no poder estar a su lado es apabullante. Sus colegas tratan de refrenarla mientras ella llora y se lamenta, “papá, siempre estarás en mi corazón”.

“76 Days” se filmó en cuatro hospitales de Wuhan y captura el horror local antes de que se volviera una pesadilla mundial. Dada la cantidad limitada de imágenes e información de Wuhan, es una rara ventana a los primeros momentos de la pandemia. La película es dirigida por el cineasta radicado en Nueva York Hao Wu, quien trabajó con dos periodistas chinos — uno llamado Wiexi Chen y otro anónimo — para crear un retrato del epicentro del virus.

Algunas de las imágenes documentan el miedo y la confusión de esos primeros días: un grupo de pacientes deambula frente a las puertas del hospital, rogando que lo dejen entrar. Otras ahora resultan más familiares: muertes solitarias seguidas de llamadas telefónicas a los parientes.

“Ha habido tanta cobertura noticiosa y comentarios sobre la pandemia, pero en su mayoría ha sido principalmente sobre estadísticas y nuestra división política”, dijo Wu en una entrevista. “Lo que creo que falta son las historias humanas, los rostros humanos de la pandemia”.

Eso podría ser especialmente cierto para historias de la pandemia en China, un país al que el presidente Donald Trump y sus simpatizantes han criticado y culpado ampliamente por el “virus de Wuhan”. La película de Wu, sin embargo, evita conscientemente la política y se concentra en el lado humano de los hospitales — aun cuando los trabajadores están tan ocultos en sus trajes que la única manera de identificarlos es por los nombres escritos con marcador en sus espaldas.

“Siento que en este momento hay un trasfondo muy tóxico para muchas de estas discusiones sobre el virus”, dijo Wu. “El virus es un enemigo al que no le importa tu nacionalidad”.

“76 Days”, que debutó en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre, será estrenada por MTV Documentary Films en más de 50 cines virtuales. El mes pasado fue nominada al premio IFP Gotham al mejor documental.

Es uno de los primeros documentales de una próxima ola de producciones sobre el coronavirus. Unos cuantos se han estrenado y algunos — como instantáneas de un drama en desarrollo — son editados con prisa mientras la pandemia continúa expandiéndose. En octubre, Alex Gibney estrenó “Totally Under Control”, una crítica de dos partes sobre la respuesta del gobierno federal estadounidense al virus. En agosto, el artista y activista Ai Weiwei estrenó “Coronation”, un documental que dirigió remotamente con decenas de voluntarios para capturar la experiencia del encierro entre la gente china de a pie.

Para algunos, estas películas son un duro recordatorio de una realidad devoradora. Pero “76 Days” se siente como un primer esbozo vital de la historia. El primer instinto de Wu era crear un filme periodístico más directo que examinara lo que ocurrió en Wuhan. Pero Wu — quien nació en China y vive en Nueva York con su pareja y sus dos hijos (retrató su camino como hombre gay en una familia tradicional china en el documental de Netflix de 2019 “All in My Family”) — pronto reconoció que la dificultad para conseguir acceso y lo rápido que estaba cambiando la situación le imposibilitarían hacer ese tipo de película o harían que ésta fuera obsoleta para cuando la terminara.

“Las imágenes que salían de Wuhan eran tan desgarradoras. Todos estaban revisando las redes sociales, tratando de enterarse qué pasó en Wuhan, cómo se puso tan mal. Muchos de nosotros estábamos tan enojados”, dijo. “Comencé a abstenerme de tratar de culpar a alguien”.

Los periodistas, que trabajaron con pases de prensa, normalmente habrían sido recelosamente vigilados por miembros del Partido Comunista, pero en medio del caos tuvieron más libertad. Wu se inclinó por observar en vez de entrevistar, e instó a sus colaboradores a enfocarse en la gente y los detalles. Una conmovedora escena muestra el celular de una persona muerta sonando dentro de una bolsa plástica.

El último viaje de Wu a China fue en enero y febrero. Justo después de que regresó, a su abuelo le diagnosticaron un cáncer de hígado en etapas terminales. Murió un mes más tarde. Wu, quien no pudo viajar debido a las restricciones del coronavirus y porque estaba ocupado con la película, no se pudo despedir en persona.

“Me sentí obligado a contar esta historia. Es casi como un homenaje a mi abuelo”, dijo Wu. “Las tomas que me atrajeron fueron aquellas que muestran los detalles de la gente dispuesta a ser amable entre sí. Creo que me sentí culpable de no poder despedirme de mi abuelo, de no tomarlo de la mano”.

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